Déjalo ser
Los hijos no nos pertenecen, no más allá de nuestros corazones.
Ellos son seres que han venido al mundo a descubrir sus propósitos, y por mucho que duela, dejarlos ser es amarlos con mayúsculas.
POR VELIA ROFELD
Los hijos no llegan a nuestras vidas: los hijos nos invaden la vida, el alma, los días. Son seres capaces de recordarnos a diario el verdadero valor de nuestra existencia. Son los repositores absolutos de nuestras carencias, aunque muchas veces nos aferramos a ellos para suplir nuestras faltas. De hecho, muchas veces como padres cometemos errores en función de nuestro egoísmo.
Pero nuestros hijos han llegado al mundo con propósitos que no conocemos, y parte de su felicidad, es poder crecer libres.
Los limites indispensables que como adultos tenemos obligación de ir construyendo, no tienen que ser un obstáculo para su libertad, porque a ser libre también se aprende.
Y en esa búsqueda de ver quienes son y quienes desean ser, somos los padres quienes debemos acompañarlos, guiarlos y permitirles explorar.
Cada hijo es especial y diferente. Los pequeños movedizos y demandantes, son una hoja en blanco, y de las herramientas que les proveamos dependerá gran parte de su futuro.
Sabemos que el amor con que aprendemos juntos, ellos y nosotros, a explorar los días y las etapas, es el motor esencial de cómo se ven ellos frente a la vida y sus vínculos.
Sin embargo, podemos abrir el espectro y proponernos observar otros medios para ayudarlos a caminar más seguros de sí mismos en el camino a la libertad.
Ayudándolos a crecer
· Las decepciones son parte del juego de la vida.
Enseñarles que la decepción es parte de la vida, acompañarlos y contenerlos frente a la desilusión es apoyarlos de manera empírica. Los abrazos son fundamentales. Saber que a pesar de aquello que no resultó como ellos creían, siguen contando con nosotros, y que luego de una decepción se puede volver a buscar cosas, sin por ello suponer que será otra desilusión, es la forma en que como padres podemos respaldarlos
· Alentarlos tal cual son
De nada sirve realizar comparaciones. Cada hijo es único, especial y repleto de virtudes. Y remarcar sus cualidades es la tarea que nos corresponde para que se formen fuertes y se animen a ser lo que elijan a futuro.
· valorar sus éxitos aunque sean pequeños
Con los chicos en pleno crecimiento, no hay éxitos pequeños, sino éxitos. Alentarlos y decirles cuan orgullosos estamos es el mejor estimulo para que se sientan respaldados.
· No todo es material
Enseñarles que en la vida existen recompensas cuando hacemos bien las cosas es tan importante como enseñarles que dichas recompensas no solo son materiales. Los hijos que demandan materialmente, son seguramente aquellos a los que nunca se los ha recompensado con una sesión de mimos, un paseo o una tarde jugando juntos. Los chicos componen sus escalas de valores según nosotros, adultos, le vayamos mostrando la importancia de las cosas
· Hacerlos participar
Pedirles la opinión de algún tema o de alguna decisión familiar en la que ellos intervengan. Esto les permite sentirse miembros de la familia y responsabilizarse con la dinámica familiar.
Esperar es importante
· Enseñarles que en la vida existen tiempos para cada cosa y mostrarles la importancia de apreciar las cosas sencillas, es ayudarlos a ser tolerantes. No darles todo de golpe, sino ejercitando la espera. Los hijos comienzan a valorar cuando comprenden que conseguir las cosas supone un esfuerzo.
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· Comunicarnos, siempre!
Expresar a nuestros hijos, lo que sentimos y pensamos, así como también nuestras preocupaciones y dificultades, es hacerlos parte de nuestros días.
En términos y de manera que puedan abordar lo que expresamos y evitando traspasarles nuestras ansiedades, el confiarnos mutuamente cosas, fortalece nuestro vinculo. Para que la comunicación sea de ambas vías, debemos proponer un espacio para el dialogo A menudo queremos que nuestros hijos expresen sus problemas, inquietudes, dudas....Si comenzamos nosotros a expresamos es más fácil que ellos se comuniquen. Contenerlos, escucharlos y valorar sus palabras, es la manera más directa de crear lazos de confianza, y generar el sano hábito de la interlocución
LOS HIJOS SON COMO LOS NAVÍOS
Historia de un navio....
Al mirar un navío en el puerto, imaginamos que
está en su lugar más seguro, protegido por un
fuerte ancla.
Sin embargo, sabemos que está allí
preparándose, abasteciéndose y alistándose
para ser lanzado al mar, cumpliendo con el
destino para el cual fue creado, yendo al
encuentro de sus propias aventuras y riesgos.
Dependiendo de lo que la fuerza de la
naturaleza le reserve, tendrá que desviar la
ruta, trazar otros caminos y buscar otros
puertos.
Pero retornará fortalecido por el conocimiento
adquirido, enriquecido por las diferentes
culturas recorridas. Y habrá mucha gente
esperando feliz en el puerto.
Así son los HIJOS. Tienen a sus PADRES, o sea
el puerto seguro, hasta que se tornan
independientes
Por más seguridad, protección y manutención
que puedan sentir junto sus padres, los hijos
nacieron para surcar los mares de la vida,
correr sus propios riesgos y vivir sus propias
aventuras.
Cierto es que llevarán consigo los ejemplos adquiridos, los conocimientos obtenidos en el colegio, pero lo más importante estará en el interior de cada uno:
Sabemos que no existe felicidad inmediata, que
no es algo que se guarda en un escondite para
ser dada o transmitida a alguien.
El lugar más seguro para el navío es el
puerto. Pero no fue construido para permanecer allí.
Los padres piensan que serán el puerto seguro
de los hijos, pero no pueden olvidarse que
deben de prepararlos para navegar mar adentro
y encontrar su propio lugar, donde se sientan
seguros, con la certeza que deberá ser, en
otro tiempo, un puerto para otros seres (los nietos).
Nadie puede trazar el destino de los hijos.
Lo que sí podemos hacer es tomar conciencia y
procurar que lleven en su equipaje VALORES
como:
HUMILDAD, SOLIDARIDAD, HONESTIDAD, DISCIPLINA, GRATITUD Y GENEROSIDAD.
Los hijos nacen de los padres, pero deben
convertirse en CIUDADANOS DEL MUNDO
Los padres pueden querer que haya siempre una
sonrisa en los hijos, pero no pueden sonreír
por ellos. Pueden desear su felicidad, pero
no pueden ser felices por ellos.
Los padres no deben seguir los pasos de los hijos y los hijos nunca deben descansar en los pasos que los padres alcanzaron. Los hijos deben seguir desde el puerto a donde sus padres llegaron y como los navíos, partir en busca de sus propias conquistas y aventuras. Para ello, requieren ser preparados y amados, con la certeza de que:
“QUIEN AMA, EDUCA”
¡Cuán difícil es soltar las amarras y dejar partir al navío!…
Sin embargo, el regalo de amor más grande que puede dar un padre es la autonomía.
(Autor desconocido)


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