Sábanas sucias
En tiempos donde todo se pergeña tan incierto e indiferente, mirar hacia adentro es siempre una posibilidad que invita a comprender más allá de lo que nuestros ojos pueden percibir.
Es un encender de luces que alimenta la forma con que miramos y somos vistos, invitándonos a echar un vistazo de cómo nos vemos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.
Es buen tiempo para comprender y atrevernos a observar nuestro espíritu, permitiéndonos indagar en lugares que en muchas ocasiones no nos atrevemos.
Si descubriéramos dentro nuestro esa pequeña luz, juntos podríamos alumbrar el mundo.
Por Velia Rofeld
Una historia sencilla para los tiempos que corren
A diario recibo en mi casilla de mails, cantidad de cuentos, historias, pps y cadenas de diversa índole. Lo cierto, es que la mayoría de las veces ni siquiera los abro.
Sin embargo, hubo una excepción: “Sábanas sucias”, una pequeña y conmovedora historia, que nos permite pensar sobre quienes somos en realidad.
A veces estamos tan pendientes de cómo actúan los demás, que olvidamos vernos a nosotros mismos. “Sábanas sucias”, nos viene a recordar que lo que vemos en el prójimo, no es más que el reflejo de nosotros mismos…o lo que creemos ver.
Fue una excelente decisión el haber abierto ese mail! Y ahora, quiero compartirlo con ustedes:
Sábanas Sucias
Una pareja de recién casados se muda a un barrio muy tranquilo.
La primera mañana, mientras tomaba su café, la mujer reparó a través de la ventana, que una vecina colgaba las sábanas en el tendedero.
-Qué sábanas tan sucias que cuelga en el tendedero! Quizá necesite un jabón nuevo….Ojalá pudiera ayudarla a lavar las sábanas!
El marido la miró y se quedó callado.
Unos días después, cuando la mujer se disponía a tomar su desayuno, pudo ver a través de la ventana como su vecina salía a tender nuevamente unas sábanas:
-Pobre! Quizá nadie le enseñó nunca cómo se debe lavar!...si tan solo pudiera enseñarle….
El marido solo escuchó a su esposa, pero no dijo palabra.
Así, cada 2 o 3 días, la mujer repetía su discurso mientras la vecina tendía sus ropas al sol.
Al mes, mientras tomaba su café, la mujer vio salir a su vecina a tender la ropa.
Para su asombro, las sábanas estaban limpias, muy limpias.
Entonces, le dijo a su marido:
-Mira, parece que finalmente la vecina aprendió a lavar sus sábanas!!! Le habrá enseñado otra vecina?
El marido, le respondió entonces:
-Nada de eso….hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana!


No hay comentarios:
Publicar un comentario